
Contrario a la nostalgia, la inyección electrónica no ha matado la mecánica amateur, la ha transformado: el destornillador de toda la vida se ha convertido en una herramienta digital.
- La fiabilidad «aburrida» de la inyección esconde una nueva forma de control para el aficionado a través del diagnóstico OBD2.
- Entender los sensores clave (TPS, Lambda) y el mantenimiento preventivo (bomba, aditivos) es el nuevo «arte» de la puesta a punto.
Recomendación: En lugar de añorar el carburador, invierte menos de 30€ en un kit OBD2. Es el primer paso para volver a dialogar con tu motor y entender su lenguaje electrónico.
Recuerdo perfectamente el olor a gasolina mal quemada y el tacto preciso de un destornillador ajustando el tornillo de riqueza de un carburador. Era una especie de ritual, una conversación directa con el motor. Esa es la «mecánica sensorial» que muchos de mi generación echan de menos. Hoy, levantas el asiento de una moto moderna y te encuentras con una caja negra, la ECU, y un manojo de cables. La pregunta que flota en el aire de muchos talleres y foros es inevitable: ¿la inyección electrónica, con su eficiencia aplastante, nos ha robado el alma de nuestras máquinas? A primera vista, la respuesta parece un sí rotundo. Las motos ya no se «ahogan» en los puertos de montaña, arrancan a la primera en pleno enero y consumen mucho menos. Son fiables, predecibles y, para algunos, terriblemente aburridas.
La creencia popular dice que hemos cambiado la llave inglesa por un ordenador portátil que solo el concesionario puede manejar. Que hemos perdido la autonomía para convertirnos en meros usuarios. Pero, ¿y si esa percepción fuera solo una parte de la historia? ¿Y si esa «caja negra» no fuera tan impenetrable? La realidad es que la transición tecnológica ha abierto un nuevo campo de juego. El diagnóstico ha evolucionado, pero la capacidad del aficionado para entender y optimizar su moto no ha desaparecido; simplemente ha cambiado de herramientas. Ya no se trata de escuchar el ralentí, sino de interpretar un código de error. El destornillador se ha vuelto digital.
Este artículo es un puente entre dos eras. Como mecánico que ha carburado cientos de motos y ahora «flashea» centralitas, te guiaré a través de los secretos del sistema de inyección moderno. Demostraremos que, lejos de ser una barrera, la electrónica, bien entendida, ofrece un nivel de control y precisión que el carburador jamás pudo soñar. Exploraremos cómo optimizar la respuesta del motor, cómo diagnosticar averías comunes con herramientas baratas y cómo realizar un mantenimiento preventivo que alargue la vida de componentes críticos, todo ello con un enfoque práctico y anclado en la realidad de las carreteras y los veranos de España.
Para navegar por este fascinante mundo donde la electrónica se encuentra con la mecánica, hemos estructurado este análisis en varios puntos clave. Cada sección aborda un aspecto fundamental del sistema de inyección, desde la optimización de la ECU hasta el mantenimiento esencial para sobrevivir a las condiciones más exigentes.
Sumario: Guía completa del sistema de inyección en motocicletas
- Repro de centralita: ¿merece la pena «flashear» la ECU para ganar suavidad en bajos?
- Limpiadores de inyectores de gasolina: ¿funcionan los aditivos o es efecto placebo?
- Sensor TPS y Sonda Lambda: los culpables habituales cuando tu moto da tirones o gasta mucho
- Rodar en reserva: por qué apurar el depósito calienta y rompe la bomba de gasolina sumergida
- Sensores de presión atmosférica: por qué tu moto de inyección no se ahoga en los puertos de montaña
- OBD2 en motos: por qué ahora es más fácil diagnosticar averías tú mismo con un aparato barato
- Escape original vs Aftermarket: ¿cuál mejora realmente la respuesta en altas vueltas?
- ¿Qué aceite necesita realmente tu motor para sobrevivir al verano español de 40ºC?
Repro de centralita: ¿merece la pena «flashear» la ECU para ganar suavidad en bajos?
La ECU (Engine Control Unit) es el cerebro de la inyección. De fábrica, su programación, o «mapa», es un compromiso diseñado para cumplir normativas de emisiones y ofrecer un rendimiento estándar. Sin embargo, este mapa suele ser conservador, especialmente en bajas revoluciones, para pasar las restrictivas homologaciones. El resultado son esos molestos tirones o una respuesta perezosa al primer golpe de gas, algo muy común en muchos modelos Euro 4 y Euro 5. Aquí es donde entra en juego la reprogramación o «flasheo»: modificar el software de la ECU para optimizar la inyección y el encendido. No se trata solo de buscar potencia máxima, sino de conseguir una entrega más suave y llena en todo el rango de revoluciones.
Una reprogramación «Stage 1» bien hecha ajusta la mezcla aire/gasolina (AFR) y el avance de encendido, eliminando las restricciones de fábrica. Esto se traduce en una moto más agradable de conducir en ciudad y en curvas lentas, donde el tacto del gas es crucial. El motor se siente más «redondo» y la conexión entre el puño y la rueda trasera es más directa, recuperando parte de esa sensación visceral que ofrecían los carburadores bien ajustados. Olvídate de ganancias estratosféricas de potencia; la verdadera magia de una buena repro está en la mejora de la calidad de la conducción y el par motor en la zona baja y media del cuentavueltas. El coste en España suele oscilar entre los 300 y 500 euros, una inversión que, para muchos, se justifica plenamente por la transformación en el comportamiento diario de la moto.
La siguiente tabla, basada en datos de talleres especializados en España, muestra las ganancias típicas que se pueden esperar con una reprogramación Stage 1 en algunos de los modelos más populares del mercado, demostrando que la mejora en par y potencia, aunque modesta en cifras absolutas, es consistente.
| Modelo | Potencia Original | Potencia Stage 1 | Par Original | Par Stage 1 | Precio Repro |
|---|---|---|---|---|---|
| Yamaha MT-07 | 74 CV | 78 CV | 68 Nm | 72 Nm | 350€ |
| Honda CB650R | 95 CV | 98 CV | 64 Nm | 67 Nm | 400€ |
| Kawasaki Z900 | 125 CV | 130 CV | 98 Nm | 103 Nm | 450€ |
| BMW S1000RR | 207 CV | 215 CV | 113 Nm | 118 Nm | 550€ |
En definitiva, si sientes que a tu moto le falta esa «chispa» inicial o sufre de una respuesta errática, una reprogramación es la forma más eficaz de pulir su carácter sin alterar la fiabilidad mecánica. Es el primer paso para demostrar que la electrónica no es un enemigo, sino una herramienta de personalización muy potente.
Limpiadores de inyectores de gasolina: ¿funcionan los aditivos o es efecto placebo?
El debate sobre los aditivos para la gasolina es tan antiguo como los propios motores. Para muchos, son el equivalente al aceite de serpiente del siglo XXI. Sin embargo, en el contexto de la inyección electrónica, la ciencia nos da una respuesta más clara. Los inyectores modernos pulverizan la gasolina a través de orificios minúsculos, y con el tiempo, los subproductos de la combustión pueden formar depósitos de carbonilla que alteran el patrón de pulverización. Esto provoca una combustión ineficiente, aumento de consumo, ralentí inestable y pérdida de respuesta. La clave no está en cualquier aditivo, sino en aquellos que contienen Polietereamina (PEA), un detergente de alta resistencia térmica probado para disolver estos depósitos.
No todos los aditivos son iguales. Los más baratos suelen ser simples querosenos que ofrecen un efecto placebo. Los que realmente funcionan especifican el PEA como su componente activo principal. Según un estudio del Instituto de Motociclismo de Valencia, se ha demostrado una reducción de hasta el 87% de los depósitos de carbón tras 5.000 km de uso continuado con aditivos basados en PEA. Esto no es magia, es química. El aditivo no «aumenta el octanaje» ni da más potencia de forma directa; su función es restaurar la eficiencia original del sistema de inyección limpiándolo desde dentro.
La diferencia visual entre un inyector obstruido y uno limpio es abrumadora, como se puede apreciar en la siguiente imagen comparativa. La precisión del cono de pulverización es fundamental para una mezcla aire-gasolina óptima.

Un caso práctico lo confirma. Un taller en Barcelona realizó una prueba con tres Honda CB500F idénticas durante seis meses. La que usó gasolina de 95 octanos con un aditivo de PEA cada 2.000 km mostró inyectores un 40% más limpios que la que solo usó gasolina 95, y su consumo mejoró en 0.3 L/100km. La moto que usó gasolina premium de 98 octanos solo obtuvo una mejora del 15% en limpieza, demostrando que un aditivo de calidad puede ser más efectivo que simplemente usar una gasolina más cara.
Por lo tanto, usar un buen limpiador de inyectores con PEA una o dos veces al año es una de las operaciones de mantenimiento preventivo más baratas y eficaces que puedes realizar para asegurar la longevidad y el rendimiento de tu motor de inyección.
Sensor TPS y Sonda Lambda: los culpables habituales cuando tu moto da tirones o gasta mucho
Cuando una moto de inyección empieza a dar tirones, a tener un ralentí inestable o a consumir notablemente más, antes de pensar en problemas mecánicos complejos, dos pequeños componentes electrónicos suelen ser los principales sospechosos: el Sensor de Posición del Acelerador (TPS) y la Sonda Lambda. Son los oídos y el olfato del sistema, y si fallan, toda la «orquesta» de la inyección desafina. Entender su función es el primer paso para diagnosticar problemas que antes, en un carburador, nos hubieran llevado horas de desmontaje y limpieza.
El TPS es un potenciómetro que le dice a la ECU cuánto estás abriendo el puño del gas. Si su pista interna se desgasta, envía una señal errática. Imagina que subes el volumen de una radio vieja y el sonido salta o se corta en ciertos puntos; eso es lo que le pasa a la ECU. Recibe «saltos» en la posición del acelerador, inyectando gasolina de forma incorrecta y provocando tirones. Por otro lado, la Sonda Lambda, ubicada en el escape, «huele» los gases de escape y le informa a la ECU si la mezcla es rica (demasiada gasolina) o pobre (demasiado aire). Si la sonda se ensucia o envejece, dará lecturas falsas, y la ECU corregirá la mezcla de forma equivocada, disparando el consumo o causando una respuesta anémica.
Lo fascinante es que ya no necesitas ser un experto con herramientas complejas para comprobar, al menos, el TPS. Con un simple multímetro de 10 euros, puedes realizar un diagnóstico básico en tu propio garaje. Esto es parte de esa «autonomía asistida» que nos brinda la tecnología. La capacidad de hacer un diagnóstico preliminar por ti mismo puede suponer un ahorro medio de 150€ en costes de taller y un 40% menos en el total de la reparación, según datos de talleres en Madrid y Barcelona. A continuación, te explicamos cómo hacerlo:
- Localiza el sensor TPS en el cuerpo de aceleración (suele tener 3 cables: alimentación, masa y señal).
- Con el contacto dado pero el motor apagado, pincha con el multímetro los cables de masa y señal.
- Con el acelerador completamente cerrado, el voltaje debe ser estable, aproximadamente entre 0.5V y 0.7V.
- Abre el puño del gas muy lentamente hasta el máximo. El voltaje debe subir de forma suave y lineal, sin saltos ni caídas, hasta unos 4.5V – 5V.
- Si durante el recorrido observas saltos bruscos o zonas donde el voltaje no cambia («zonas muertas»), has encontrado al culpable. El TPS está defectuoso.
Estos dos sensores son el ejemplo perfecto de cómo ha cambiado la mecánica. Antes, un problema de tirones implicaba desmontar y limpiar un carburador. Hoy, implica conectar dos sondas y leer un valor. Es diferente, sí, pero no necesariamente más difícil. Es el nuevo lenguaje del mecánico aficionado.
Rodar en reserva: por qué apurar el depósito calienta y rompe la bomba de gasolina sumergida
Hay una costumbre muy extendida, casi una manía para algunos, de apurar el depósito de gasolina hasta la última gota. En la era del carburador, el peor escenario era quedarse tirado. Con la inyección electrónica, las consecuencias pueden ser mucho más costosas. La razón reside en un componente vital: la bomba de gasolina sumergida. A diferencia de los sistemas antiguos, donde la gasolina caía por gravedad, aquí la bomba presuriza el combustible hacia los inyectores. Y esa bomba, en la mayoría de las motos, vive dentro del depósito.
El diseño tiene una doble función: la gasolina que la rodea no solo la alimenta, sino que también la refrigera y lubrica. Cuando circulas constantemente en reserva, la bomba queda expuesta al aire. Al no estar sumergida, su temperatura de funcionamiento se dispara. Es como hacer funcionar un procesador de ordenador sin su disipador. Con el tiempo, este sobrecalentamiento degrada los componentes internos del motor eléctrico de la bomba hasta que un día, sin previo aviso, falla. Esto es lo que llamo la «termodinámica del depósito»: un principio simple con consecuencias caras. Además, al apurar el tanque, la bomba aspira los posibles sedimentos y la humedad acumulada en el fondo, obstruyendo su prefiltro y forzando aún más su trabajo.
Un caso real de un taller en Sevilla ilustra perfectamente el riesgo: el dueño de una BMW R1200GS, que habitualmente circulaba con el testigo de reserva encendido, sufrió un fallo de bomba en plena autovía durante un caluroso día de verano. El diagnóstico fue claro: sobrecalentamiento crónico. La reparación ascendió a 890€. Este no es un caso aislado. El coste de sustituir una bomba de gasolina puede ser un golpe muy duro para el bolsillo, como muestra la siguiente tabla con precios aproximados en España.
| Modelo Moto | Precio Bomba Original | Precio Compatible | Mano de Obra | Total Aprox. |
|---|---|---|---|---|
| Honda CB500F | 380€ | 120€ | 180€ | 300-560€ |
| Yamaha MT-07 | 420€ | 150€ | 200€ | 350-620€ |
| Kawasaki Z650 | 450€ | 180€ | 220€ | 400-670€ |
| BMW F850GS | 780€ | No disponible | 280€ | 1060€ |
La regla de oro es sencilla y barata: intenta repostar cuando el indicador marque el último cuarto de depósito. Mantener la bomba sumergida es la forma más simple de asegurar su longevidad y evitar una de las averías más caras y repentinas de los sistemas de inyección.
Sensores de presión atmosférica: por qué tu moto de inyección no se ahoga en los puertos de montaña
Si alguna vez has subido un puerto de montaña con una moto de carburación, conoces la sensación. A medida que ganas altitud, el aire se vuelve menos denso. El carburador, ajeno a este cambio, sigue entregando la misma cantidad de gasolina, lo que resulta en una mezcla demasiado rica. La moto empieza a toser, pierde potencia, ratea y parece que se «ahoga». Era un peaje inevitable de las rutas alpinas. Aquí es donde la inyección electrónica demuestra su superioridad de una forma casi mágica, gracias a un héroe anónimo: el sensor de presión atmosférica o sensor MAP (Manifold Absolute Pressure).
Este pequeño sensor mide constantemente la presión del aire del entorno (o en el colector de admisión) y envía esa información a la ECU. Cuando subes un puerto, el sensor MAP detecta la caída de la presión atmosférica y la ECU, en milisegundos, recalcula y reduce la cantidad de gasolina inyectada para mantener la proporción aire/gasolina (la famosa mezcla estequiométrica) en su punto ideal. El resultado es que el motor rinde de forma óptima sin importar la altitud. Se acabaron las paradas para ajustar la carburación o la pérdida dramática de rendimiento. Como dice Miguel Ángel Rosado, instructor de conducción segura en el RACC: «El sensor MAP es el héroe silencioso de las rutas de montaña. Sin él, perderíamos entre 15-20% de potencia cada 1500 metros de altitud».
Una prueba real realizada en la subida al Pico Veleta en Granada, uno de los puertos más altos de Europa, lo demostró de forma contundente. Se comparó una Honda CB500X de inyección con una CB500 de carburación de una generación anterior. La moto de inyección mantuvo el 92% de su potencia a 3.000 metros, mientras que la de carburación ya había perdido un 18% de su rendimiento. Esa es la diferencia entre disfrutar del paisaje y pelearte con el motor.

Esta capacidad de autoadaptación es, quizás, la ventaja menos glamurosa pero más impresionante de la inyección. Es la fiabilidad en su máxima expresión, garantizando que el motor responderá de la misma manera a nivel del mar que en la cima de los Pirineos. Es la tecnología trabajando silenciosamente en segundo plano para que tú solo te preocupes de la siguiente curva.
Así, la próxima vez que corones un puerto de montaña sin que tu moto dé un solo tirón, dale las gracias a ese pequeño sensor. Es el responsable de que la aventura siga siendo fluida y sin contratiempos mecánicos.
OBD2 en motos: por qué ahora es más fácil diagnosticar averías tú mismo con un aparato barato
Llegamos al corazón de la nueva autonomía del mecánico aficionado: el puerto de diagnóstico a bordo, más conocido como OBD2 (On-Board Diagnostics). Desde la normativa Euro 4, todas las motos vendidas en Europa deben incluir un puerto de diagnóstico estandarizado. Esto, que parece un detalle técnico sin más, es una auténtica revolución. Es la puerta de entrada directa al cerebro electrónico de tu moto. Se acabó el misterio de la luz «FI» (Fallo de Inyección) parpadeando en el cuadro. Ahora, con una inversión mínima, puedes saber exactamente qué le ocurre a tu moto. Este es tu nuevo destornillador, el «destornillador digital».
El sistema es increíblemente sencillo. Necesitas un pequeño lector Bluetooth llamado ELM327 y el cable adaptador específico para la marca de tu moto. Todo el conjunto se puede conseguir por menos de 30 euros en plataformas como Amazon. Una vez conectado, una aplicación en tu móvil (como Torque Pro o OBD Fusion) se comunica con la ECU y te muestra en tiempo real los datos de los sensores y, lo más importante, los códigos de error (DTC – Diagnostic Trouble Codes). Un código «P0115», por ejemplo, te dirá que hay un problema con el sensor de temperatura del refrigerante. Sabes qué pieza falla antes siquiera de coger una herramienta. Es un poder que antes estaba reservado exclusivamente a los talleres oficiales.
Esta herramienta no solo sirve para leer fallos. Permite monitorizar en vivo parámetros como la temperatura del motor, el voltaje de la sonda lambda, la posición del acelerador y mucho más. Te convierte en un observador activo del funcionamiento de tu moto, permitiéndote detectar anomalías antes de que se conviertan en averías graves. Es una nueva forma de «escuchar» el motor, más precisa y basada en datos. A continuación, te ofrecemos una guía de compra para que montes tu propio kit de diagnóstico.
Plan de acción: tu kit de diagnóstico OBD2 por menos de 30€
- Lector Bluetooth: Compra un lector ELM327 que sea versión v2.1 (cuesta unos 15-20€). Evita los v1.5 más antiguos, ya que suelen dar problemas de compatibilidad con muchas motos.
- Aplicación móvil: Descarga una app de diagnóstico. ‘Torque Pro’ para Android es una opción excelente y económica (cerca de 4€), mientras que ‘OBD Fusion’ es muy completa para iOS y Android (unos 10€).
- Cable adaptador: Adquiere el cable adaptador específico para el conector de tu moto. Los más comunes son el de 4 pines para Honda (8€), 3 pines para Yamaha (10€) o 6 pines para Kawasaki (12€).
- Localización y conexión: Encuentra el conector de diagnóstico en tu moto. Suele estar protegido por un capuchón de goma bajo el asiento del piloto o pasajero, o detrás de alguna tapa lateral.
- Escaneo: Conecta el adaptador y el lector, pon el contacto de la moto (sin arrancar el motor) y enlaza el Bluetooth con tu móvil. Abre la app y en menos de un minuto estarás leyendo los datos de tu ECU.
El OBD2 no es una moda pasajera, es la democratización del diagnóstico electrónico. Es la prueba definitiva de que, aunque la mecánica ha cambiado, la pasión por entender y cuidar nuestra propia moto sigue más viva que nunca, solo que ahora se practica con un smartphone en la mano.
Escape original vs Aftermarket: ¿cuál mejora realmente la respuesta en altas vueltas?
Cambiar el escape es, probablemente, la primera modificación que se le pasa por la cabeza a cualquier motero. Buscamos un sonido más ronco, una estética más agresiva y, por supuesto, más potencia. En la era de los carburadores, un buen escape y un ajuste de la carburación (cambiando chicles) podían suponer una ganancia de rendimiento notable. Con la inyección y las estrictas normativas Euro 5, la realidad es muy diferente. La promesa de «más caballos» de los fabricantes de escapes aftermarket debe tomarse con mucha cautela.
La verdad, demostrada en innumerables pruebas en banco de potencia, es que un simple escape «slip-on» (solo el silencioso final) en una moto moderna, sin reprogramar la ECU, apenas ofrece beneficios de rendimiento. Las mediciones de talleres especializados muestran que la ganancia real es de solo 2-3 CV en el mejor de los casos. La razón es simple: la ECU está programada para funcionar con el sistema de escape original, que incluye catalizadores muy restrictivos. Al cambiar solo el silencioso, no se altera el flujo de gases de forma significativa y la ECU no ajusta la inyección para aprovecharlo. Para obtener una ganancia real de potencia, es imprescindible montar una línea completa (colectores y silencioso) y, fundamentalmente, realizar una reprogramación de la ECU para ajustar el mapa de inyección a la nueva dinámica de gases.
Entonces, ¿no sirve de nada cambiar el escape? No tan rápido. El mayor y más inmediato beneficio de un escape aftermarket de calidad no está en la potencia, sino en la drástica reducción de peso. Los sistemas de escape originales son extremadamente pesados debido a los catalizadores y a los materiales baratos (acero inoxidable). Un sistema de titanio o carbono puede ahorrar una cantidad de peso sorprendente, como se ve en la siguiente tabla comparativa.
| Modelo | Peso Escape Original | Akrapovic Titanio | Arrow Carbono | Ahorro de Peso |
|---|---|---|---|---|
| Yamaha R6 | 8.2 kg | 3.1 kg | 3.8 kg | 4.4 – 5.1 kg |
| Honda CBR600RR | 7.8 kg | 2.9 kg | 3.5 kg | 4.3 – 4.9 kg |
| Kawasaki ZX-6R | 8.5 kg | 3.3 kg | 4.0 kg | 4.5 – 5.2 kg |
| BMW S1000RR | 10.2 kg | 4.1 kg | 4.8 kg | 5.4 – 6.1 kg |
Este ahorro de peso, especialmente al ser masa no suspendida y situada en una posición baja, mejora la agilidad, la manejabilidad y la capacidad de frenado de la moto mucho más de lo que lo harían 2 o 3 caballos extra. Así que la próxima vez que pienses en cambiar el escape, hazlo por el sonido, la estética y, sobre todo, por el peso. La potencia, déjasela a la reprogramación de la ECU.
Puntos clave a recordar
- La inyección no elimina la mecánica amateur, la transforma hacia el diagnóstico digital (OBD2).
- El mantenimiento preventivo es clave: usar aditivos con PEA y no apurar el depósito ahorra averías caras.
- Las mejoras de rendimiento reales vienen de optimizar la electrónica (repro ECU), no solo de cambiar piezas físicas como el escape.
¿Qué aceite necesita realmente tu motor para sobrevivir al verano español de 40ºC?
Hablemos de un tema crucial que a menudo se pasa por alto: el aceite del motor, especialmente bajo el castigo del verano en España. Cuando el asfalto supera los 50ºC y te encuentras en un atasco en pleno agosto, la temperatura del motor se dispara. En estas condiciones, la elección del aceite no es un detalle menor; es el seguro de vida de tu motor. El calor extremo degrada el aceite, haciendo que pierda su viscosidad, que es su capacidad para mantener una película protectora entre las piezas metálicas en movimiento. Un aceite degradado es casi como llevar agua en el cárter.
La diferencia fundamental reside en la base del aceite: mineral, semi-sintético o 100% sintético. Un aceite mineral es más barato, pero sus moléculas son irregulares y se rompen fácilmente con el calor. Un aceite 100% sintético, en cambio, está diseñado en laboratorio con moléculas uniformes y aditivos de alta calidad que le confieren una resistencia térmica muy superior. Mantiene su viscosidad y sus propiedades lubricantes incluso en las condiciones más severas. Como afirma José Manuel García, jefe de taller con 30 años de experiencia en Sevilla, «en Andalucía en verano, la diferencia entre un 10W40 y un 15W50 puede ser la diferencia entre un embrague que dura 40.000 km o uno que patina a los 20.000 km». Su consejo apunta no solo a la base del aceite, sino también a la viscosidad en caliente (el segundo número, ej. 40 o 50), sugiriendo un grado mayor para climas cálidos.
Una prueba realizada en Córdoba durante un julio especialmente caluroso lo demostró científicamente. Se usaron tres motos idénticas: una con aceite mineral 10W40, otra con semi-sintético 10W40 y la tercera con sintético 5W40. Tras 3.000 km de uso severo, los análisis de laboratorio fueron reveladores: el aceite mineral había perdido un 35% de su viscosidad, el semi-sintético un 18%, y el 100% sintético solo un 7%. El aceite sintético fue el único que garantizó una protección óptima bajo el calor extremo andaluz.
Invertir en un buen aceite sintético, y quizás subir un grado la viscosidad en caliente si vives en las zonas más cálidas de España, no es un gasto, es la mejor inversión que puedes hacer para asegurar que tu motor, ya sea de inyección o carburación, sobreviva a muchos veranos sin quejarse.
Preguntas frecuentes sobre el diagnóstico de la inyección
¿Puedo borrar el testigo de revisión con un lector OBD2 barato?
En la mayoría de las marcas japonesas como Honda, Yamaha, Kawasaki o Suzuki, sí es posible borrar los códigos de error del motor (luz FI). Sin embargo, en marcas europeas como BMW, Ducati o KTM, el testigo de servicio o revisión periódica a menudo requiere un software específico del fabricante o herramientas de diagnóstico más avanzadas que superan los 200€, ya que no se considera un código de avería estándar.
¿Un lector OBD2 básico detecta problemas de ABS?
No, por lo general. Los lectores ELM327 más económicos solo están diseñados para comunicarse con la ECU del motor. Los sistemas de ABS, control de tracción o la instrumentación operan en buses de datos diferentes. Para diagnosticar problemas en el sistema de frenos ABS, necesitarás un escáner de diagnóstico más avanzado que sea explícitamente compatible con los protocolos de chasis de tu marca de moto.