Publicado el mayo 10, 2024

La velocidad correcta no se calcula, se construye a través de un proceso de evaluación que convierte la incertidumbre en control.

  • La clave no es memorizar una velocidad, sino aprender a leer los puntos de referencia de la carretera para decidir cuándo y cuánto reducir.
  • Dominar el freno motor y la elección de marcha te da el control fino que los frenos por sí solos no pueden ofrecer.

Recomendación: Aplica la técnica del vértice tardío como sistema de seguridad por defecto; te obliga a entrar más lento y te da la máxima visibilidad y margen de reacción.

Esa sensación. El nudo en el estómago que aparece justo cuando te das cuenta de que has entrado demasiado rápido en una curva que no te deja ver la salida. Es un miedo que todo motorista de fin de semana ha sentido alguna vez, un instante donde la adrenalina placentera se convierte en pánico. El instinto te grita que frenes, pero la razón sabe que tocar el freno en plena inclinación es una invitación al desastre. Te has quedado «colado» y, de repente, el disfrute se ha transformado en supervivencia.

Los consejos habituales resuenan en tu cabeza: «frena antes», «mira lejos», «traza por el exterior». Son correctos, pero inútiles cuando la fijación visual se apodera de ti y tu mirada se clava en el guardarraíl que parece un imán. Estas reglas generales, extraídas a menudo de la conducción en circuito, no abordan el problema fundamental de la carretera de montaña: la incertidumbre de una curva ciega.

Pero, ¿y si el enfoque estuviera equivocado? ¿Si la clave no fuera intentar adivinar una velocidad mágica, sino dominar un proceso de evaluación dinámica que te permita ajustar tu velocidad de forma natural y segura? La verdadera maestría no reside en ser el más rápido, sino en construir una confianza técnica basada en la lectura del entorno y el control preciso de la máquina. Este no es un artículo sobre cómo ir más deprisa, sino sobre cómo eliminar el miedo para poder disfrutar de verdad.

A lo largo de esta guía, desglosaremos la curva en una secuencia de decisiones lógicas. Aprenderás a identificar los puntos de referencia clave, a utilizar el freno motor como tu principal herramienta de calibración y a aplicar las técnicas de pilotaje que te darán el control y el margen de seguridad que necesitas, incluso cuando no sabes lo que te espera detrás de esa roca.

Para navegar por este completo análisis técnico, hemos estructurado el contenido en varias fases clave. A continuación, encontrarás un resumen de los temas que abordaremos para transformar tu manera de afrontar las curvas.

Puntos de referencia: qué mirar en el asfalto para saber exactamente cuándo cortar gas

La velocidad de entrada a una curva ciega no es un número que se adivina, sino el resultado de una lectura constante del entorno. Tu primer trabajo como piloto seguro es convertirte en un detective visual, buscando pistas que te informen sobre el momento preciso para iniciar la deceleración. El «punto de corte de gas» no es un lugar fijo, sino una variable que depende de lo que ves. Tu cerebro debe procesar estas señales para tomar una decisión informada, no para reaccionar por instinto.

La primera señal es el propio radio de la curva. ¿Parece cerrarse progresivamente? ¿Hay señales viales que adviertan de un giro pronunciado? La señalización vertical es tu primer informador. A continuación, la vista debe bajar al asfalto. Busca cambios en la textura: un asfalto pulido y brillante sugiere menos agarre que uno rugoso y oscuro. Presta atención a la suciedad, gravilla o manchas de humedad, especialmente en el interior de la curva, ya que condicionarán tu trazada y te obligarán a iniciar la maniobra con más cautela.

Una técnica fundamental en curvas ciegas es retrasar el momento de la inclinación. Esto, aunque modifique la trazada «natural» de la curva, te concede un beneficio impagable: un mayor campo de visión. Al mantenerte más vertical durante más tiempo, puedes ver «dentro» de la curva antes de comprometer tu línea. Este simple acto de paciencia es una de las herramientas de seguridad más potentes a tu disposición. Se trata de buscar la máxima información antes de actuar.

Observa el peralte de la carretera. Un peralte positivo (la carretera se inclina hacia el interior de la curva) te ayudará a girar, permitiendo una velocidad de paso ligeramente superior. Por el contrario, un peralte negativo o un contrapéralte (la carretera cae hacia el exterior) es una trampa que intentará escupirte fuera. Identificarlo a tiempo te obliga a reducir la velocidad de forma mucho más significativa antes incluso de pensar en girar el manillar. Cada una de estas pistas visuales te ayuda a construir un modelo mental de la curva que tienes por delante, permitiéndote decidir con precisión cuándo es el momento de cerrar el acelerador.

Freno motor vs Frenos: ¿cuándo es suficiente con soltar el gas para reducir la velocidad?

Una vez has leído la carretera y decidido que es momento de reducir la velocidad, se presenta una elección técnica fundamental: ¿basta con el freno motor o necesitas usar los frenos? La respuesta define tu fluidez y seguridad. El freno motor no es solo un asistente; es tu principal herramienta de calibración de velocidad en carretera de montaña. Usarlo correctamente te permite realizar ajustes finos sin desestabilizar la moto con transferencias de masa bruscas, como las que provoca una frenada convencional.

En la mayoría de situaciones, ante una curva que se aproxima, simplemente soltar el acelerador y dejar que la compresión del motor retenga la moto es el primer paso. Si esa retención no es suficiente para alcanzar la velocidad objetivo que has determinado, el siguiente paso es reducir una marcha. Este gesto incrementa las revoluciones del motor y, con ello, la fuerza de retención. La clave aquí es la suavidad al soltar el embrague para evitar un bloqueo momentáneo de la rueda trasera que pueda desestabilizar el conjunto. Esta técnica es especialmente útil en descensos prolongados.

Demostración visual del uso correcto del freno motor en un descenso de puerto de montaña

Como se puede apreciar, la gestión de la energía es clave. En puertos de montaña españoles como los de Sierra Nevada o el Teide, el uso constante de los frenos en largos descensos puede provocar el peligroso efecto de sobrecalentamiento conocido como *fading*. Según los expertos, en situaciones de calor y curvas cerradas, este fenómeno reduce drásticamente la eficacia de la frenada. Un estudio sobre este efecto advierte que el uso continuo de frenos puede aumentar el riesgo de fading debido a la acumulación de calor. El freno motor, al no depender de la fricción, es inmune a este problema y se convierte en tu mejor aliado para mantener los frenos fríos y listos para una emergencia.

Entonces, ¿cuándo usar los frenos? Los frenos se reservan para cuando la deceleración requerida es mayor de la que el freno motor puede ofrecer. Si te acercas a una horquilla muy cerrada o has calculado mal y necesitas perder velocidad rápidamente, una aplicación firme y progresiva de ambos frenos antes de inclinar es la maniobra correcta. La regla es: el freno motor ajusta, los frenos corrigen. Dominar esta dualidad es esencial para una conducción segura y fluida.

El error de mirar al guardarraíl que te hace salirte de la curva y cómo corregirlo

Es el error más común y, a la vez, el más peligroso. Entras en la curva, sientes que vas un poco rápido, el pánico se activa y tus ojos se clavan en el único sitio al que no quieres ir: el guardarraíl, el precipicio o el árbol al borde de la carretera. Este fenómeno, conocido como fijación visual, es un instinto de supervivencia que en la moto se convierte en una profecía autocumplida: la moto va donde miras. Las estadísticas no mienten; la mayoría de las salidas de vía ocurren por no dirigir la moto correctamente. De hecho, los datos provisionales de la DGT para 2024 son alarmantes: de 74 de 131 salidas de vía mortales de motos en carretera, una gran mayoría se produjeron en curvas.

Este comportamiento tiene una explicación neurológica. Ante una amenaza percibida, nuestro cerebro entra en modo túnel y se enfoca en el peligro. Para combatirlo, no basta con la fuerza de voluntad; se necesita entrenamiento y una técnica consciente. La solución es la técnica de escaneo visual activo. En lugar de fijar la vista, debes forzarte a moverla constantemente, siguiendo un patrón deliberado.

La técnica consiste en tres puntos de enfoque secuenciales:

  1. Punto de entrada: Al aproximarte, tu mirada ya está buscando mucho más allá, al final de la recta, identificando el inicio de la curva.
  2. Punto de giro (ápice o vértice): A medida que te acercas, tu cabeza y tus ojos giran para localizar el punto más interno de tu trazada deseada (el vértice). Este es tu objetivo a corto plazo.
  3. Punto de salida: Antes incluso de llegar al vértice, tu mirada ya lo ha abandonado y está barriendo la carretera hacia delante, buscando la salida de la curva y el siguiente tramo recto. Es este último paso el que «tira» de la moto y la endereza, el que te saca de la curva.

Practicar esta secuencia de forma consciente, incluso a baja velocidad, reprograma tu cerebro. Transforma la mirada de un acto pasivo y reactivo a una herramienta de pilotaje activa. Cuando sientas que la fijación visual te atrapa, recuerda el mantra: «cabeza y ojos arriba y lejos». Gira la cabeza físicamente en la dirección que quieres ir. Este simple movimiento rompe el bloqueo mental y le da a tu cuerpo la orden correcta para guiar la moto hacia la seguridad.

Lluvia repentina: cuánto debes reducir tu velocidad de entrada para mantener el margen de seguridad

Una tormenta de verano inesperada o una llovizna persistente en un puerto de montaña pueden transformar una ruta placentera en una prueba de nervios. El asfalto mojado reduce drásticamente el coeficiente de fricción, lo que significa que tus neumáticos tienen menos agarre disponible tanto para frenar como para inclinar. En estas condiciones, tu margen de seguridad activo se reduce a la mínima expresión, y la velocidad de entrada a cualquier curva debe ser reconsiderada a la baja de forma radical.

El momento más crítico es durante los primeros 15-20 minutos de lluvia, un fenómeno especialmente peligroso en el clima mediterráneo español. Esta «primera lluvia» se mezcla con el polvo, los restos de aceite y la goma acumulada en el asfalto seco, creando una película jabonosa y extremadamente deslizante. En esta fase, la reducción de velocidad debe ser máxima. Como norma general, si en seco tomabas una curva a 80 km/h, con la primera lluvia deberías afrontarla a no más de 40-50 km/h. Es una reducción que puede parecer exagerada, pero es la única que te garantiza tener agarre de sobra para cualquier imprevisto.

Para cuantificar el impacto, observemos cómo varían las distancias de frenado. Los datos de los fabricantes y las escuelas de conducción son claros y demuestran la pérdida de eficacia de la frenada sobre mojado. Una análisis comparativo reciente ilustra esta peligrosa realidad.

Distancia de frenado según condiciones del pavimento
Condición Coeficiente fricción Reducción velocidad recomendada Distancia frenado (60 km/h)
Asfalto seco 0.8 Normal 17.1 m (con ABS)
Asfalto mojado 0.5 -40% primeros 15 min 22.3 m (sin ABS)
Primera lluvia 0.3-0.4 -50% 25+ metros

Estos números demuestran que en mojado necesitas mucho más espacio para detenerte. Por lo tanto, tu velocidad de entrada a la curva debe ser lo suficientemente baja como para que, idealmente, no necesites tocar los frenos una vez inclinado. Toda la frenada debe hacerse en línea recta, con la moto vertical, y con una suavidad y progresividad exquisitas para no saturar el agarre disponible del neumático delantero. En lluvia, la anticipación no es una opción, es una obligación.

Entrar en la marcha correcta: por qué una marcha muy larga te deja sin tracción al salir

Has elegido tu punto de frenada, has gestionado la velocidad con el freno motor y tu mirada ya busca la salida. Ahora llega una decisión microsegundos antes de inclinar que definirá la segunda mitad de tu curva: la elección de la marcha. Entrar en una marcha demasiado larga es un error sutil pero de graves consecuencias. Al hacerlo, el motor cae a un régimen de revoluciones muy bajo, quedando «muerto», sin capacidad de empuje. ¿El problema? Al llegar al vértice y querer empezar a acelerar para salir, la moto no responderá. Abrirás gas, no pasará nada, abrirás más… y de repente, cuando el motor finalmente entre en su zona de par, entregará la potencia de golpe, provocando un tirón que puede hacerte perder tracción en la rueda trasera, especialmente si aún estás inclinado.

La marcha correcta es aquella que te sitúa, a la velocidad de paso por curva, en el inicio de la zona de par motor. Esto varía según el tipo de moto. En un motor bicilíndrico, rico en par a bajas vueltas, podrías estar buscando un régimen de 4000-5500 rpm. En un tetracilíndrico, que entrega su potencia más arriba, necesitarás mantenerlo más alegre, entre 5000-7000 rpm. El objetivo es que, al insinuar el acelerador en el vértice, el motor responda de forma instantánea, pero suave y predecible. Esta ligera y constante aceleración es lo que ayuda a estabilizar la moto, asentar la suspensión trasera y empezar a transferir peso hacia atrás, lo que a su vez te ayuda a enderezar la moto de forma natural y salir con tracción y control.

Visualización del rango de revoluciones óptimo para mantener tracción en salida de curva

Como se intuye en la imagen, este es un momento de máxima concentración y conexión con la máquina. Elegir la marcha correcta te da opciones. Te permite abrir gas de forma progresiva para salir de la curva con aplomo. Si necesitaras corregir la trazada o acelerar para evitar un obstáculo, tendrías potencia disponible al instante. En una marcha larga, por el contrario, estás «vendido»: no tienes capacidad de aceleración ni de retención. Estás a merced de la inercia, y eso, en una carretera de montaña, es lo último que quieres.

Por tanto, el proceso es: frenar en recta, reducir a la marcha adecuada mientras aún estás frenando, y soltar el embrague suavemente justo antes de empezar a inclinar. Así, entras en la curva con el motor «vivo» y listo para ayudarte a salir.

¿Qué es realmente el contramanillar y por qué lo haces inconscientemente aunque no lo sepas?

El contramanillar es el gran «secreto a voces» del motociclismo. Es la técnica de pilotaje más fundamental y, paradójicamente, la más incomprendida. Muchos pilotos creen que es una maniobra avanzada de circuito, cuando en realidad, es la física básica que permite que cualquier vehículo de dos ruedas gire. Como afirmó el legendario instructor Keith Code en su obra de referencia:

No podríamos conducir una motocicleta, ni siquiera una bicicleta si no aplicásemos correctamente el contramanillar.

– Keith Code, La Biblia de las Curvas

La idea es contraintuitiva, pero simple: para inclinar la moto hacia un lado, debes empujar el manillar hacia el lado opuesto. Para girar a la derecha, empujas suavemente el puño derecho hacia adelante. Para girar a la izquierda, empujas el puño izquierdo. Este pequeño empuje hace que la rueda delantera gire momentáneamente hacia el exterior de la curva, desestabilizando el equilibrio de la moto y provocando que se incline hacia el interior por efecto de las fuerzas giroscópicas. Una vez inclinada, la propia geometría de la dirección y la forma del neumático se encargan de mantenerla en la trayectoria curva.

Lo haces inconscientemente cada vez que conduces. A baja velocidad, el movimiento es tan sutil que se confunde con el balanceo del cuerpo. Pero a partir de 30-40 km/h, el contramanillar es el único método efectivo para iniciar un giro o para realizar una corrección de trayectoria rápida. ¿Alguna vez has tenido que esquivar un bache en el último segundo? El movimiento instintivo que hiciste con los brazos fue, precisamente, contramanillar.

Entender y practicar el contramanillar de forma consciente te da un control absoluto sobre la inclinación de tu moto. Te permite iniciar el giro exactamente en el punto que deseas, con la rapidez que necesitas y con una precisión milimétrica. También es tu mejor herramienta para salir de un apuro: si entras pasado en una curva y necesitas ceñirte más a la línea, un pequeño empuje adicional en el puño interior cerrará tu radio de giro de forma instantánea y controlada. Dejar de ser un pasajero que se deja llevar por la moto y convertirte en un piloto que la dirige activamente pasa, necesariamente, por dominar esta técnica.

Es la base de todo. Tomar conciencia de esta técnica es transformador. Descubre qué es el contramanillar y cómo lo has estado usando sin saberlo.

Gas constante: el secreto para asentar la suspensión trasera en mitad de la curva

Hemos entrado en la curva con la velocidad y la marcha correctas, y la estamos guiando con el contramanillar. Ahora nos encontramos en el corazón de la maniobra, el tramo que va desde el punto de giro hasta el punto de salida. Aquí, la estabilidad es primordial, y el secreto para conseguirla reside en un uso sutil y preciso del acelerador. Hablamos de la técnica del gas constante o positivo.

Contrariamente a lo que podría pensarse, en mitad de la curva no se debe ir «a vela» con el gas cerrado, ni mucho menos tocando los frenos. Una vez que la moto está inclinada, cualquier acción sobre los frenos provocará que las suspensiones se compriman bruscamente y las fuerzas giroscópicas tiendan a levantar la moto, sacándote de la trazada. En su lugar, debes mantener una aplicación mínima pero constante del acelerador. Este hilo de gas tiene múltiples efectos beneficiosos que componen el núcleo de la estabilidad en curva.

Primero, mantiene la transmisión en tensión. Visualiza la cadena de tu moto: con gas constante, la parte superior de la cadena está siempre tensa, eliminando cualquier holgura. Esto se traduce en una conexión directa y sin tirones entre tu puño y la rueda trasera. Segundo, y más importante, esta ligera aceleración transfiere una pequeña parte del peso hacia la rueda trasera. Esto hace dos cosas: por un lado, descomprime ligeramente la horquilla delantera, dándole más recorrido para absorber irregularidades del asfalto; por otro, comprime suavemente el amortiguador trasero. Este efecto «asienta» la parte trasera de la moto, dándole más aplomo y tracción. Según un análisis de técnicas avanzadas, mantener el gas constante o ligeramente en aumento ayuda a estabilizar la moto y es clave para mantener la tracción y el control.

El resultado es una moto mucho más estable, neutra y predecible. Flota sobre el asfalto en lugar de rebotar con cada imperfección. Te sientes conectado a ella, notando cómo el neumático trasero empuja y te guía a través de la curva. Dominar el gas constante es pasar de una conducción de «parar-girar-acelerar» a una conducción fluida y encadenada, donde cada fase de la curva se solapa con la siguiente en una danza de control y equilibrio.

Puntos clave a recordar

  • Anticipación visual: Tu velocidad depende de tu capacidad para leer el asfalto y las señales mucho antes de llegar a la curva.
  • Control de la deceleración: El freno motor es tu herramienta principal para ajustar la velocidad con suavidad; los frenos son para correcciones mayores, siempre en vertical.
  • Estrategia de trazada: En carretera abierta, la seguridad prima sobre la velocidad. El vértice tardío es tu mejor póliza de seguro.

La trazada ideal: por qué el «vértice tardío» es la técnica más segura para carretera abierta

Finalmente, todas las piezas del puzle encajan en una estrategia global: la trazada. Mientras que en circuito se busca la trazada más rápida (exterior-interior-exterior), en una carretera abierta y, sobre todo, en una curva ciega, el objetivo es radicalmente distinto: maximizar la seguridad y la visibilidad. Aquí es donde la técnica del vértice tardío o ápice retrasado se convierte en la herramienta definitiva.

La trazada convencional busca tocar el interior de la curva (el vértice) en su punto medio geométrico. El vértice tardío, en cambio, consiste en retrasar deliberadamente el punto de giro. Te mantienes en el exterior de tu carril durante más tiempo, y solo cuando puedes ver claramente la salida de la curva, inicias el giro de forma más decidida para buscar un vértice situado mucho más allá, ya en la segunda mitad de la curva. Esta estrategia tiene dos ventajas cruciales.

Primero, maximiza tu campo de visión. Al permanecer más tiempo en el exterior, tu ángulo de visión hacia el interior de la curva es mucho mayor. Puedes detectar gravilla, un vehículo detenido, un animal o un cambio en el radio de la curva mucho antes, dándote un tiempo de reacción impagable. Segundo, te alinea perfectamente para la salida. Como tu giro es más tardío y la moto ya apunta hacia la recta de salida cuando alcanzas el vértice, puedes enderezar la moto mucho antes y acelerar con más contundencia y seguridad, ya en posición vertical.

Esta técnica te obliga a entrar más lento, lo cual es, en sí mismo, un mecanismo de seguridad. La paciencia en la entrada se ve recompensada con una salida más segura, controlada y, paradójicamente, a menudo más fluida y rápida en el cómputo global. Es la encarnación de la filosofía «lento a la entrada, rápido a la salida».

Plan de acción: tu checklist para el vértice tardío

  1. Punto de aproximación: Mantente en la parte exterior de tu carril, reduce la velocidad frenando en vertical y selecciona la marcha correcta.
  2. Punto de evaluación: Aguanta en el exterior más de lo que te parezca natural, escaneando la curva hasta que tengas una visión clara de la salida.
  3. Punto de giro: Una vez veas la salida, inicia el giro de forma decidida con un contramanillar firme pero suave. Deja de frenar.
  4. Punto de vértice (tardío): Busca tocar el interior del carril ya en la segunda mitad de la curva. Empieza a aplicar gas constante para asentar la moto.
  5. Punto de salida: Al haber girado tarde, la moto ya está prácticamente apuntando a la recta. Endereza la moto mientras abres gas progresivamente.

Al integrar todos los elementos anteriores, el vértice tardío no es solo una forma de trazar, sino un sistema completo de gestión de riesgos. Poner en práctica la trazada ideal del vértice tardío te proporcionará el máximo margen de seguridad en cualquier circunstancia.

Escrito por Carla Domínguez, Instructora de conducción deportiva y expiloto del Campeonato de España de Velocidad (CEV). Especialista en técnicas de pilotaje en circuito, telemetría y puesta a punto de suspensiones.