
Contrariamente a la creencia popular, el calentamiento del motor no se mide en minutos, sino en la gestión de la dilatación térmica diferencial de sus componentes metálicos.
- El verdadero objetivo no es calentar el agua, sino el aceite y, sobre todo, estabilizar la expansión del pistón de aluminio dentro del cilindro de acero.
- Arrancar y rodar suavemente es infinitamente superior a dejar la moto al ralentí, ya que promueve un calentamiento más homogéneo de todo el conjunto mecánico.
Recomendación: Arranca el motor, espera solo 30-60 segundos a que el circuito de aceite se presurice y comienza a rodar sin superar las 3.000-4.000 RPM durante los primeros 5-10 minutos.
Cada mañana de invierno, el ritual se repite. El frío penetra en los huesos, el asiento de la moto está helado y surge la eterna pregunta: ¿cuánto tiempo debo dejarla calentando? La sabiduría popular y los foros de internet ofrecen un abanico de respuestas, desde los que arrancan y salen disparados hasta los que se toman un café mientras el motor coge temperatura al ralentí. La mayoría de estos consejos se basan en una métrica errónea: el tiempo. Como experto en el comportamiento de los metales bajo estrés térmico, te aseguro que la salud de tu motor no depende del cronómetro, sino de la física.
El corazón de tu motocicleta es una compleja sinfonía de metales distintos, principalmente aleaciones de aluminio para el pistón y acero o fundición para el cilindro. Cada uno de estos materiales tiene un coeficiente de dilatación diferente. El problema del arranque en frío no es solo la viscosidad del aceite; es una batalla invisible de micro-expansiones a destiempo. Mientras el pistón de aluminio se calienta y expande rápidamente, el cilindro, más masivo y de otro material, lo hace mucho más lento. Forzar el motor en esta fase crítica genera un desgaste prematuro y un estrés mecánico que acortan drásticamente su vida útil. El objetivo no es «calentar la moto», sino alcanzar el equilibrio térmico para el que fue diseñada, donde las tolerancias de diseño son óptimas.
Este artículo abandonará los mitos y las aproximaciones temporales. Nos sumergiremos en la ciencia de la termodinámica aplicada a tu motor. Analizaremos por qué un testigo de temperatura puede engañarte, qué hacer cuando el calor se convierte en tu enemigo en un atasco y cómo cada componente del sistema de refrigeración, desde el radiador hasta el termostato, juega un papel crucial en esta danza de grados Celsius. Prepárate para entender tu moto a un nivel molecular y aprender a cuidarla como un verdadero profesional.
Para navegar por este análisis profundo de la gestión térmica de tu motor, hemos estructurado el contenido en varias secciones clave. Descubrirás desde trucos prácticos para climas extremos hasta los síntomas sutiles que anuncian una avería inminente, permitiéndote pasar de ser un simple conductor a un gestor consciente de la mecánica de tu máquina.
Índice de contenidos: Gestión térmica del motor de la motocicleta
- Cuándo tapar parcialmente el radiador: trucos para motos que no cogen temperatura en invierno
- Testigo de temperatura vs Reloj analógico: por qué no debes fiarte solo de la luz roja
- Qué hacer si te atrapa un atasco y la temperatura llega al rojo
- Radiador de aceite vs Radiador de agua: ventajas e inconvenientes en climas cálidos
- El sonido característico que indica que tu bomba de agua está a punto de morir
- El ventilador no salta: pasos para diagnosticar si es el fusible, el sensor o el motor
- Chalecos de refrigeración evaporativa: ¿funcionan realmente para evitar el golpe de calor en verano?
- Cuándo cambiar el termostato: la pieza barata que puede fundir tu culata
Cuándo tapar parcialmente el radiador: trucos para motos que no cogen temperatura en invierno
En condiciones de frío extremo, especialmente en zonas montañosas de España, puede ocurrir un fenómeno contraintuitivo: el sistema de refrigeración es tan eficiente que impide al motor alcanzar su temperatura óptima de funcionamiento. Rodar con un motor demasiado frío es casi tan perjudicial como hacerlo con uno sobrecalentado. El combustible no se quema eficientemente, se pueden formar depósitos de carbonilla y, lo más importante, los componentes no alcanzan la dilatación para la que fueron diseñados, provocando un desgaste acelerado. En estas situaciones, una práctica heredada de la vieja escuela puede ser sorprendentemente útil: tapar parcialmente el radiador.
La idea es simple: reducir la superficie de enfriamiento para que el motor pueda retener más calor y llegar a su rango de trabajo ideal, que suele estar entre los 80°C y 95°C. Esto no debe hacerse a la ligera. Es una técnica que requiere control y conocimiento de las condiciones. Por ejemplo, en las zonas más frías de la península, donde la temperatura puede ser muy baja, esta práctica tiene sentido. Sin embargo, en la costa mediterránea, incluso en invierno, el riesgo de un sobrecalentamiento inesperado si entras en ciudad o en un atasco es demasiado alto.
Es crucial monitorizar la temperatura con un método fiable, ya que se anula parte de la capacidad de regulación automática del sistema. Un simple trozo de cartón resistente o una plancha de plástico pueden servir, pero su colocación y tamaño deben ser cuidadosamente calculados. La clave es empezar con una cobertura mínima (no más de un tercio) y verificar constantemente cómo responde el motor.
Protocolo de actuación para cubrir el radiador
- Zonas de montaña (Pirineos, Sierra Nevada): Considerar tapar 1/3 del radiador con cartón resistente cuando las temperaturas ambientales descienden por debajo de los 5°C de forma constante.
- Meseta central en invierno: Evaluar el tapado parcial solo si se comprueba que, tras 10 minutos de ruta, la temperatura del motor no logra alcanzar los 65-70°C.
- Costa mediterránea y atlántica: No tapar nunca el radiador. El riesgo de sobrecalentamiento en tráfico denso o en días soleados de invierno supera cualquier posible beneficio.
- Verificación de temperatura: Utilizar un termómetro adhesivo en el propio radiador o un medidor digital para confirmar que la temperatura se estabiliza en el rango óptimo (65-75°C) y no sigue subiendo.
- Plan de contingencia: Retirar inmediatamente cualquier cobertura si la temperatura supera los 75-80°C en circulación normal o si se prevé la entrada en una zona urbana con tráfico.
Testigo de temperatura vs Reloj analógico: por qué no debes fiarte solo de la luz roja
Muchos motoristas confían ciegamente en el pequeño testigo rojo del cuadro de instrumentos. La lógica parece simple: si está apagado, todo va bien; si se enciende, problema. Sin embargo, desde una perspectiva de ingeniería, este testigo es un indicador terriblemente limitado. No informa, simplemente alarma. Cuando la luz roja se enciende, el motor no «está caliente», sino que ya ha superado el umbral de seguridad. En ese punto, el estrés térmico ya ha afectado a los componentes y el daño, aunque sea microscópico, puede haber comenzado.
Un reloj analógico o una barra de temperatura digital ofrecen una información mucho más valiosa: la tendencia. Permiten ver si la temperatura sube progresivamente, si se mantiene estable o si fluctúa, lo que puede indicar un problema en el termostato. Pero incluso estos medidores tienen un secreto: miden la temperatura del líquido refrigerante, no la del aceite ni la de las partes metálicas críticas. Como demuestra la experiencia, puede haber una gran diferencia.
Estudio de caso: La temperatura real del motor
Un motorista experimentado instaló un termómetro secundario directamente en el bloque motor, cerca de la culata. Observó que, mientras el indicador de refrigerante del cuadro marcaba ya unos estables 60°C, el motor aún se sentía «perezoso». No fue hasta que el medidor secundario alcanzó los 90°C, unos 4-5 minutos después, cuando la moto realmente «despertó»: el ralentí se estabilizó, la respuesta al acelerador fue más nítida y las marchas se alargaron con suavidad. Esto demuestra que la temperatura del refrigerante es solo una parte de la historia; la masa metálica del motor necesita mucho más tiempo para alcanzar su equilibrio térmico.
Para el conductor concienciado que busca la máxima protección, existen accesorios que proporcionan una lectura mucho más precisa y útil de la temperatura del motor, permitiendo una gestión proactiva en lugar de reactiva.
La instalación de sistemas de monitorización adicionales puede parecer excesiva, pero para quien valora la longevidad de su mecánica, es una inversión muy rentable. A continuación, se comparan algunas de las opciones más comunes disponibles en el mercado español.
| Producto | Precio aproximado | Instalación | Precisión |
|---|---|---|---|
| Tapón radiador con termómetro | 35-45€ | Directa, sin herramientas | ±2°C |
| Termómetro adhesivo Koso | 15-25€ | Adhesivo en radiador | ±5°C |
| Medidor digital Stage6 | 60-80€ | Requiere instalación sensor | ±1°C |
Qué hacer si te atrapa un atasco y la temperatura llega al rojo
Es la pesadilla de cualquier motorista en un día de calor: el tráfico se detiene y la aguja de la temperatura, que se mantenía estable en carretera, empieza a subir inexorablemente. Sin el flujo de aire generado por la velocidad, el radiador pierde casi toda su capacidad de disipar calor. El motor, incluso al ralentí, sigue generando una enorme cantidad de energía térmica que, si no se evacúa, provoca un sobrecalentamiento rápido y peligroso. En esta situación, cada segundo cuenta y las decisiones correctas pueden marcar la diferencia entre un simple susto y una costosa avería en la junta de culata.
Lo primero es no entrar en pánico. La mayoría de las motocicletas modernas están equipadas con un electroventilador que debería activarse al alcanzar una temperatura predeterminada. Debes estar atento a su sonido característico. Si el ventilador salta y la temperatura se estabiliza o baja ligeramente, puedes mantener la calma, aunque buscando siempre la primera oportunidad para volver a circular. Si la temperatura sigue subiendo incluso con el ventilador en marcha, o si este no se activa, la situación es crítica. Es el momento de aplicar un protocolo de emergencia.

La acción más importante es apagar el motor para detener la fuente de calor. Muchos conductores cometen el error de mantenerlo al ralentí pensando que la bomba de agua seguirá circulando el refrigerante, pero esto es contraproducente, ya que el motor sigue generando calor. Es mejor apagarlo y, si es posible, dejar el contacto puesto para que el electroventilador, si funciona, pueda seguir intentando enfriar el radiador con la inercia térmica.
Como bien señala Arturo Miguel Rojo del servicio técnico del RACE, una de las causas más comunes de sobrecalentamiento es la falta de refrigerante:
Si falta líquido refrigerante no va a enfriar lo suficiente el motor. Esto puede deberse a una fuga en algún lugar del circuito, por ejemplo, por grietas en los manguitos.
– Arturo Miguel Rojo, RACE – Servicio Técnico
Por ello, una vez el motor esté completamente frío, es imperativo revisar el nivel. Actuar con rapidez y método es esencial.
Radiador de aceite vs Radiador de agua: ventajas e inconvenientes en climas cálidos
La gestión térmica de un motor no es un concepto único, sino que depende enormemente de su diseño. Los dos sistemas de refrigeración más extendidos, por líquido (agua y anticongelante) y por aire/aceite, presentan comportamientos muy diferentes, especialmente en los climas extremos de España. Entender sus principios es clave para saber qué esperar de nuestra moto. La refrigeración líquida es un sistema cerrado y presurizado, mucho más eficiente a la hora de mantener una temperatura estable independientemente de las condiciones externas. Es capaz de mantener el motor en su rango óptimo de entre 90 y 110 grados centígrados, ya sea en un puerto de montaña en invierno o en un semáforo en Sevilla en agosto.
Por otro lado, la refrigeración por aire, a menudo asistida por un radiador de aceite, es un sistema más simple, ligero y fiable al tener menos componentes. El propio flujo de aire sobre las aletas del cilindro y el radiador de aceite se encarga de disipar el calor. Esta simplicidad es su mayor virtud y también su mayor debilidad. Su eficacia es directamente proporcional a la velocidad de la moto y a la temperatura ambiente. En climas frescos y en carretera abierta, es un sistema perfectamente adecuado. Sin embargo, en el calor extremo del sur de España y en condiciones de baja velocidad o paradas, sufre enormemente, ya que el aceite puede superar fácilmente los 120°C, perdiendo propiedades lubricantes y comprometiendo la integridad del motor.
La elección entre un sistema u otro por parte del fabricante responde a un compromiso entre prestaciones, coste y filosofía del modelo. Para el usuario, es fundamental conocer las limitaciones de su sistema para adaptarlo a su uso y entorno.
La geografía española ofrece un excelente campo de pruebas para ambos sistemas, mostrando claramente sus fortalezas y debilidades según la zona climática. La siguiente tabla, basada en datos de análisis de talleres especializados, ilustra estas diferencias.
| Sistema | Andalucía/Extremadura (35-40°C) | Meseta Central | Cornisa Cantábrica |
|---|---|---|---|
| Refrigeración líquida | Óptima, mantiene 90°C estables | Muy buena | Buena, puede tardar en calentar |
| Refrigeración por aceite | Sufre en paradas, puede superar 110°C | Adecuada | Óptima, simple y fiable |
| Mantenimiento anual | 150-200€ (cambio líquido frecuente) | 120-150€ | 80-100€ |
El sonido característico que indica que tu bomba de agua está a punto de morir
En los motores de refrigeración líquida, la bomba de agua es un componente pequeño pero absolutamente vital. Es el corazón que impulsa el refrigerante a través del motor, los manguitos y el radiador. Si falla, la circulación se detiene y el sobrecalentamiento es cuestión de minutos. Afortunadamente, como muchas piezas mecánicas, la bomba de agua suele dar avisos audibles antes de su fallo catastrófico. Aprender a identificar estos sonidos es una habilidad que puede ahorrarte una avería muy costosa.
El fallo más común en una bomba de agua no es una rotura súbita, sino el desgaste de sus rodamientos internos. Cuando la grasa que los lubrica se degrada o se contamina, los rodamientos empiezan a funcionar en seco. Esto genera un chirrido metálico agudo, similar al de una tiza en una pizarra, que aumenta con las revoluciones del motor. Inicialmente, puede ser sutil y aparecer solo en frío, pero con el tiempo se vuelve constante y más fuerte. Ignorar este sonido es un error fatal.
Otro sonido preocupante es un ruido sordo y rítmico, como un «gloc-gloc-gloc» que también acompaña al régimen del motor. Este ruido puede indicar que las aspas (el impulsor) de la bomba se han soltado del eje o están dañadas, rozando con la carcasa de la bomba. En este caso, la bomba ha perdido gran parte de su capacidad de mover el líquido, aunque no haya fugas visibles. Además de los sonidos, existen otras señales claras de un fallo inminente que todo motorista debe conocer para actuar a tiempo.
- Sonido 1 (Chirrido metálico agudo): Indica un rodamiento de la bomba que está seco o a punto de gripar. Es el aviso más común y requiere atención inmediata.
- Sonido 2 (Ruido sordo rítmico): Sugiere que las aspas del impulsor están rozando con la carcasa, lo que implica una pérdida de eficiencia de bombeo.
- Señal visual (Goteo): La mayoría de las bombas tienen un pequeño orificio de drenaje (weep hole). Un goteo constante por este orificio significa que el sello interno ha fallado y el refrigerante está pasando a la zona de los rodamientos.
- Test manual (Diferencia de temperatura): Con el motor a temperatura de servicio, toca con cuidado los manguitos de entrada y salida del radiador. Si uno está muy caliente y el otro apenas tibio, es señal de que el refrigerante no está circulando correctamente, apuntando a un fallo de la bomba o del termostato.
El ventilador no salta: pasos para diagnosticar si es el fusible, el sensor o el motor
Cuando te encuentras en un atasco y la temperatura sube, la activación del electroventilador es el sonido más tranquilizador que puedes oír. Pero, ¿qué pasa si ese sonido nunca llega y la aguja sigue su ascenso hacia la zona roja? Un fallo en el circuito del ventilador es una avería común y relativamente sencilla de diagnosticar si se sigue un método lógico. El sistema se compone de tres elementos principales: el fusible (protección), el termocontacto o sensor (el interruptor que detecta la temperatura) y el propio motor del ventilador (el actuador).
El diagnóstico consiste en un proceso de descarte. Lo primero y más sencillo es comprobar el fusible. Consulta el manual de tu moto para localizar la caja de fusibles y el que corresponde al ventilador. Una simple inspección visual puede revelar si el filamento está roto. Si no estás seguro, un multímetro en modo continuidad te dará la respuesta definitiva. Si el fusible está bien, el siguiente sospechoso es el motor del ventilador. Para probarlo, se puede puentear directamente a la batería de la moto con dos cables. Si el ventilador gira, el motor está bien, y el problema reside casi con toda seguridad en el termocontacto.

El termocontacto es un interruptor térmico, normalmente roscado en el propio radiador. Cuando el refrigerante alcanza una temperatura determinada (ej. 98°C), cierra un circuito y envía corriente al ventilador. Si este componente falla, el ventilador nunca recibirá la orden de arrancar. En una emergencia, se pueden puentear los dos cables que llegan al termocontacto para forzar el encendido del ventilador y poder salir de una situación de riesgo. Saber cómo realizar estas comprobaciones básicas puede ahorrarte un sobrecalentamiento y una visita al taller.
Guía de diagnóstico del electroventilador
- Verificar el fusible: Localiza el fusible del ventilador en la caja de fusibles. Inspecciónalo visualmente o utiliza un multímetro en modo continuidad para asegurar que no está fundido. Es el primer paso y el más sencillo.
- Probar el motor del ventilador: Desconecta el conector del ventilador. Usa dos cables para conectarlo directamente a los bornes de la batería (positivo con positivo, negativo con negativo). Si el ventilador gira, el motor funciona. Si no, el motor está averiado.
- Comprobar el termocontacto (sensor): Si el fusible y el motor están bien, el problema está en el termocontacto o en el relé. Localiza el termocontacto (generalmente en el radiador). Puentea los dos cables de su conector con un clip o un trozo de cable.
- Análisis del resultado del puenteo: Con el contacto de la moto dado, si al puentear el conector del termocontacto el ventilador se enciende, has confirmado que el termocontacto está defectuoso y necesita ser reemplazado.
- Revisar el relé: Si ninguno de los pasos anteriores funciona, el problema puede estar en el relé del ventilador. Intercambia el relé con otro idéntico de un circuito menos crítico (como el de la bocina) para ver si el problema se resuelve.
El coste de la reparación varía enormemente dependiendo del componente que ha fallado, como se puede apreciar en la siguiente tabla de precios orientativos para talleres en España.
| Componente | Taller de barrio | Concesionario oficial | Tiempo reparación |
|---|---|---|---|
| Cambio fusible | 5-10€ | 20-30€ | 5 minutos |
| Cambio termocontacto | 40-60€ | 80-120€ | 30 minutos |
| Motor ventilador | 150-200€ | 250-350€ | 1-2 horas |
Chalecos de refrigeración evaporativa: ¿funcionan realmente para evitar el golpe de calor en verano?
Si bien este artículo se centra en la salud del motor, la del piloto es igualmente importante. Combatir el calor extremo en verano es un desafío, especialmente en el interior y sur de España. Más allá de la ropa ventilada, han ganado popularidad los chalecos de refrigeración evaporativa. Su principio de funcionamiento es el mismo que el del sudor: utilizan la evaporación del agua para extraer calor del cuerpo. El chaleco se sumerge en agua, se escurre y, al llevarlo puesto, el flujo de aire de la marcha acelera la evaporación, creando una sensación de frescor que puede durar varias horas. Sobre el papel, la promesa es tentadora, con fabricantes que anuncian una reducción de la temperatura corporal de hasta 15°C.
Pero, ¿funcionan en todas las condiciones? La clave de su eficacia reside en un factor ambiental: la humedad relativa. La evaporación es mucho más rápida y eficiente en ambientes secos. Por lo tanto, un chaleco de este tipo será extraordinariamente efectivo durante un viaje por Extremadura o Castilla-La Mancha en pleno julio, donde la humedad es muy baja. El alivio térmico es inmediato y muy notable. Sin embargo, su rendimiento disminuye drásticamente en zonas de alta humedad, como toda la costa mediterránea o cantábrica. En un ambiente saturado de humedad, el agua del chaleco apenas puede evaporarse, y su efecto refrigerante se reduce a la simple sensación de llevar una prenda mojada, lo que puede resultar incluso incómodo.
Por lo tanto, no se trata de una solución universal. Es una herramienta muy potente, pero su compra debe considerarse en función de la zona geográfica donde se vaya a utilizar principalmente. Para un motorista que realiza rutas por el interior de la península, es una de las mejores inversiones que puede hacer para su confort y seguridad, ayudando a prevenir la fatiga y el temido golpe de calor. Para alguien que se mueve exclusivamente por zonas costeras, existen otras estrategias que pueden ser más efectivas.
La lucha contra el calor en moto es una combinación de equipamiento y planificación. Como muestra la siguiente tabla, la eficacia de cada estrategia depende en gran medida del entorno climático.
| Estrategia | Eficacia Interior seco | Eficacia Costa húmeda | Coste |
|---|---|---|---|
| Chaleco evaporativo | Excelente (90%) | Moderada (40%) | 40-80€ |
| Ropa técnica ventilada | Buena (70%) | Buena (70%) | 150-300€ |
| Sotocasco refrigerante | Buena (60%) | Buena (60%) | 20-40€ |
| Planificación horaria (evitar 14-17h) | Excelente (100%) | Excelente (100%) | Gratis |
En resumen
- La gestión de la temperatura del motor se basa en la física de la dilatación de los metales, no en el tiempo medido por un reloj.
- Rodar suavemente desde el inicio es el método más eficaz para un calentamiento homogéneo y para minimizar el desgaste.
- Conocer los síntomas de fallo de componentes clave como el termostato, la bomba de agua o el ventilador permite un mantenimiento preventivo que evita averías graves.
Cuándo cambiar el termostato: la pieza barata que puede fundir tu culata
En la compleja maquinaria del sistema de refrigeración, el termostato es una pieza modesta, barata y a menudo olvidada. Sin embargo, su función es absolutamente crítica: es el cerebro que regula el flujo de refrigerante. Actúa como una válvula inteligente que permanece cerrada cuando el motor está frío para que este alcance su temperatura de funcionamiento rápidamente. Una vez alcanzada esa temperatura (normalmente entre 85°C y 95°C), se abre para permitir que el refrigerante circule hacia el radiador y se enfríe. Un termostato defectuoso puede fallar de dos maneras, ambas con consecuencias nefastas.
Si el termostato se queda bloqueado en posición cerrada, el refrigerante nunca llegará al radiador. El motor se sobrecalentará en cuestión de minutos, incluso en invierno. La aguja de la temperatura se disparará a la zona roja, y si no se apaga el motor a tiempo, el resultado más probable es una junta de culata quemada o, en el peor de los casos, una deformación de la propia culata. Es una de las averías más caras de reparar. El contraste entre el coste de la prevención y el de la reparación es abrumador, con datos del RACE que sitúan la diferencia en un factor de casi 40, comparando los aproximadamente 40€ de un termostato con los más de 1.500€ que puede costar un rectificado de culata.
Si el termostato se queda bloqueado en posición abierta, el efecto es más sutil pero igualmente dañino a largo plazo. El refrigerante circulará constantemente por el radiador, impidiendo que el motor alcance su temperatura óptima de funcionamiento, especialmente en climas fríos o en carretera. Esto provoca un mayor consumo de combustible, un aumento de las emisiones y, lo que es peor, un desgaste acelerado de los componentes internos debido a la lubricación deficiente y a la posible condensación de ácidos en el aceite. Por su bajo coste y su papel crucial, muchos mecánicos recomiendan el cambio preventivo del termostato junto con el del líquido refrigerante.
- Tarda en calentar: Si en invierno tu moto necesita más de 10-15 minutos para que la aguja de la temperatura se mueva de la zona fría, es un síntoma claro de termostato abierto.
- Temperatura inestable: Si la aguja de la temperatura baja notablemente al salir a autopista y vuelve a subir en ciudad, indica que el termostato no está regulando correctamente.
- Aumento del consumo: Un incremento inexplicable del consumo de combustible de un 10-15% puede deberse a que el motor trabaja constantemente por debajo de su temperatura óptima.
- Test de los manguitos: Tras arrancar el motor en frío, el manguito que va del motor al radiador debe permanecer frío durante varios minutos. Si se calienta casi al mismo tiempo que el motor, el termostato está atascado en posición abierta.
- Recomendación de cambio: Se aconseja un cambio preventivo cada 4-5 años o cada 50.000 km, especialmente en motos que realizan mucho trayecto urbano.
Ahora que comprendes la intrincada relación entre calor, metal y rendimiento, estás equipado con el conocimiento no solo para calentar tu moto, sino para gestionar su salud térmica en cada fase de su funcionamiento. La próxima vez que arranques en una mañana fría, no pensarás en minutos, sino en la dilatación homogénea de sus componentes. Tu enfoque en el mantenimiento preventivo y la escucha activa de las señales de tu máquina son la mejor garantía para disfrutar de una mecánica fiable y duradera durante muchos kilómetros.