Publicado el marzo 15, 2024

Invadir el carril contrario en una curva no es un fallo de pilotaje, sino de geometría y anticipación.

  • El vértice tardío maximiza el campo de visión, permitiendo ver peligros (gravilla, tráfico) antes de comprometer la trazada.
  • Aplicar un gas constante y neutro asienta la suspensión trasera, aportando una estabilidad crucial en mitad del viraje.

Recomendación: Deja de apuntar instintivamente al vértice geométrico de la curva y empieza a buscar conscientemente el punto más lejano desde donde ves la salida completa. Ese es tu nuevo vértice, el de la seguridad.

La sensación es familiar y paralizante: entras en una curva, calculas tu línea y, a mitad de camino, te das cuenta de que la carretera se cierra más de lo que esperabas. La línea continua se acerca peligrosamente, el pánico se apodera de ti y tu instinto te grita que frenes, una acción que solo desestabiliza la moto y te empuja aún más hacia fuera. Este escenario, que atormenta a muchos motoristas, es la causa principal de las salidas de vía. A menudo, intentamos solucionarlo con consejos genéricos como «mira lejos» o «frena antes», que, aunque ciertos, no atacan la raíz del problema.

El error no está en tu habilidad para pilotar, sino en la geometría que aplicas a la curva. La mayoría de nosotros, por instinto, apuntamos al vértice geométrico, el punto medio del viraje. Esta es la trazada más corta, la de circuito, pero en carretera abierta, es la más peligrosa. ¿Por qué? Porque sacrifica el bien más preciado del motorista: la visibilidad. Al cerrarte pronto, te quedas «ciego» ante lo que la curva esconde, ya sea un bache, gravilla o un vehículo en sentido contrario. La clave no es ser más rápido, sino más inteligente.

Este artículo descompone la trazada segura no como un arte, sino como una ciencia de gestión del riesgo. Te demostraremos, paso a paso, por qué adoptar un vértice tardío (retrasar deliberadamente el punto de giro) es la única estrategia que te proporciona el tiempo y el espacio para reaccionar. Analizaremos cómo la mirada, la postura y un control milimétrico del gas se combinan para crear un arco de seguridad, una trayectoria que te mantiene siempre en tu carril, transformando la ansiedad en una fluidez controlada.

Para dominar esta habilidad fundamental, hemos desglosado el proceso en componentes lógicos y accionables. La siguiente guía te llevará desde los principios físicos básicos hasta las técnicas de corrección de emergencia, dándote las herramientas para construir una confianza inquebrantable en cada curva.

La regla de la mirada: cómo girar la cabeza exageradamente hace que la moto gire sola

El axioma «la moto va donde miras» es el más repetido en cualquier curso de conducción, pero a menudo se malinterpreta. No se trata de una mirada pasiva, sino de una acción deliberada y exagerada. El cerebro humano tiene un mecanismo de fijación de objetivo: si te concentras en el guardarraíl, inconscientemente dirigirás la moto hacia él. La tragedia es que este problema es una de las principales causas de accidentes graves. De hecho, según datos provisionales de la DGT para 2024, de los accidentes mortales en motocicleta, 74 de 131 salidas de vía ocurrieron en curvas, donde la gestión de la mirada es crítica.

Para que la moto gire con fluidez, debes forzar tu cabeza y tus ojos a apuntar activamente hacia la salida de la curva, mucho antes de que la moto esté orientada en esa dirección. El truco es girar la cabeza como si quisieras mirar por encima de tu hombro interior. Este movimiento tiene un doble efecto. Primero, obliga a tu cuerpo a iniciar una sutil rotación que facilita la inclinación. Segundo, y más importante, le da a tu cerebro una orden clara e inequívoca del destino deseado, anulando el instinto de pánico que te haría mirar al peligro inminente.

Un ejercicio práctico excelente es practicar en una rotonda grande y despejada. Oblígate a fijar la vista exclusivamente en la salida que quieres tomar, ignorando el resto del tráfico y el bordillo interior. Sentirás cómo la moto traza un arco perfecto hacia ese punto casi sin esfuerzo. El objetivo es entrenar tu mente para que visualice la trayectoria completa a través de la curva, un hilo invisible que conecta tu posición actual con el punto seguro de salida.

Descolgarse vs Inglesa: qué postura es más efectiva para curvas de carretera a ritmo legal

La fantasía de imitar a los pilotos de MotoGP, descolgando el cuerpo y rozando la rodilla, es tentadora. Sin embargo, en el contexto de una carretera abierta, con sus imprevistos y superficies variables, esta postura es ineficaz y contraproducente. La técnica de descolgar el cuerpo está diseñada para circuitos, donde el asfalto es perfecto y cada curva es conocida. Su objetivo es mantener la moto lo más vertical posible a una velocidad y ángulo de inclinación extremos. A un ritmo legal en carretera, es una exageración innecesaria que limita tu capacidad de reacción.

La postura más segura y efectiva es la conocida como «postura a la inglesa». Consiste en mantener el torso relativamente erguido y alinear el cuerpo con la moto, o incluso inclinarlo ligeramente hacia el interior de la curva, pero sin sacar la cadera del asiento. Esta técnica ofrece varias ventajas cruciales: primero, mantiene tu centro de gravedad más alto y centrado, lo que permite cambios de dirección más rápidos y ágiles si necesitas esquivar un obstáculo. Segundo, te proporciona una mejor visibilidad por encima del manillar. Tercero, al estar «encima» de la moto, tienes más palanca y control para realizar correcciones.

Motorista demostrando la postura inglesa correcta en curva de carretera española

Como se puede observar, esta posición es estable y no compromete la capacidad de respuesta. Joan Arnella, director de la escuela de conducción TAC, colaboradora de la DGT, lo resume perfectamente al enfatizar que en carretera, la clave es la estabilidad y el conocimiento de los propios límites. Como él mismo aconseja en un reportaje para la revista de la DGT, cada motorista debe «hacer las cosas al ritmo que sabe», y para ello, mantener una postura alineada con la moto es fundamental para la seguridad en carretera abierta.

Gas constante: el secreto para asentar la suspensión trasera en mitad de la curva

El acelerador en una moto es mucho más que un simple control de velocidad; es una herramienta de gestión de la estabilidad. Uno de los errores más comunes, especialmente entre motoristas noveles, es cortar el gas por completo al entrar en una curva o, peor aún, aplicar los frenos en plena inclinación. Ambas acciones provocan una transferencia de masa brusca hacia la rueda delantera, comprimiendo la horquilla y extendiendo el amortiguador trasero. Esto reduce la superficie de contacto del neumático posterior y aligera la dirección, haciendo la moto nerviosa e imprecisa.

El secreto para una curva fluida y estable reside en mantener un «gas constante» o «gas neutro» durante toda la fase de inclinación. Una vez que has ajustado tu velocidad de entrada con los frenos (siempre antes de inclinar), debes abrir ligeramente el acelerador. No se trata de acelerar, sino de aplicar la cantidad justa de gas para que el motor no retenga ni empuje. Este fino hilo de gas mantiene la cadena tensa y la suspensión trasera ligeramente comprimida, «asentando» la moto en su trayectoria. El neumático trasero trabaja en su rango óptimo de adherencia, y la moto se siente plantada, estable y predecible, siguiendo el arco de la curva con una precisión geométrica.

La aplicación de este gas constante debe ser progresiva y adaptarse a la naturaleza del motor. No es lo mismo un bicilíndrico con mucho par a bajas vueltas que un tetracilíndrico más lineal. Como confirma un análisis de la DGT, la velocidad excesiva o inadecuada es un factor concurrente en una gran parte de los siniestros, con 101 siniestros mortales en 2024 (casi 1 de cada 3). El gas constante ayuda a mantener una velocidad adecuada y segura. El siguiente cuadro detalla cómo modular el gas según el propulsor.

Aplicación del gas según tipo de motor
Tipo de Motor Características Técnica de Gas en Curva
Bicilíndrico Mucho par a bajas rpm Gas muy progresivo, apertura suave
Tetracilíndrico Entrega suave y lineal Gas más directo, menos modulación necesaria
Monocilíndrico Par irregular, vibraciones Apertura gradual para evitar pérdida de tracción

Qué hacer si te encuentras gravilla en plena trazada sin entrar en pánico

Es el escenario de pesadilla para cualquier motorista: estás en plena inclinación y, de repente, aparece un parche de gravilla, arena o restos de cosecha justo en tu trayectoria. El instinto primario grita «¡FRENA!», pero esa es la peor decisión posible. Clavar los frenos o cortar el gas de golpe sobre una superficie de baja adherencia es la receta perfecta para una caída. El pánico es el verdadero enemigo, no la gravilla en sí. Las carreteras españolas son especialmente propensas a estos peligros, desde la gravilla en puertos de montaña como los Picos de Europa hasta los restos de paja en Castilla y León tras la cosecha.

La clave es la suavidad y la anticipación. La primera línea de defensa es, precisamente, usar una trazada de vértice tardío, que te da mucha más visibilidad para detectar estas zonas con antelación. Pero si el obstáculo es inevitable, la regla de oro es: no hacer nada brusco. Mantén la calma y el cuerpo lo más relajado posible. La tensión se transmite a la moto y la desestabiliza. Tu objetivo es cruzar la zona deslizante con la menor alteración posible de la dinámica de la moto.

Afrontar esta situación requiere un protocolo mental claro y ensayado. La tensión y el pánico son tus peores enemigos, por lo que tener una secuencia de acciones memorizada puede marcar la diferencia entre un susto y un accidente. La siguiente lista de verificación detalla los pasos a seguir.

Plan de acción: gravilla en plena curva

  1. NO cortar gas de golpe: Mantén un gas constante y neutro para no desestabilizar la suspensión trasera.
  2. NO frenar: Evita cualquier frenada. Bloquear una rueda sobre gravilla significa caída segura.
  3. NO clavar la mirada en la gravilla: Levanta la vista y enfoca la salida segura, el punto a donde quieres ir.
  4. Mantén el cuerpo relajado: No te agarres con fuerza al manillar. Deja que la moto «flote» ligeramente.
  5. Levanta la moto suavemente: Reduce la inclinación de forma progresiva para aumentar la superficie de contacto del neumático.

¿Qué es realmente el contramanillar y por qué lo haces inconscientemente aunque no lo sepas?

El contramanillar es uno de los conceptos más mitificados y peor entendidos de la conducción en moto. Muchos creen que es una técnica avanzada reservada a pilotos expertos, cuando en realidad es el principio físico fundamental que permite a cualquier vehículo de dos ruedas inclinarse y girar por encima de una velocidad de unos 20-30 km/h. La verdad es que ya lo haces, aunque no seas consciente de ello. Cada vez que tomas una curva, aplicas el contramanillar.

En su forma más simple, el contramanillar consiste en esto: para inclinar la moto hacia la derecha, debes empujar suavemente el puño derecho del manillar hacia adelante. Para inclinarla hacia la izquierda, empujas el puño izquierdo. Suena contradictorio, ¿verdad? La intuición nos dice que para girar a la derecha deberíamos girar el manillar a la derecha. Sin embargo, debido al efecto giroscópico de las ruedas, un pequeño impulso en una dirección provoca que la moto se incline en esa misma dirección. Es esa inclinación, y no el giro del manillar, lo que hace que la moto describa una curva.

Un ejercicio práctico y revelador, como los que se proponen en cursos de perfeccionamiento, consiste en ir a un parking vacío a unos 40-50 km/h. Mientras avanzas en línea recta, prueba a empujar muy suavemente el puño derecho hacia adelante. Notarás cómo la moto inicia de inmediato una inclinación y un giro hacia la derecha. La analogía del carrito de supermercado es útil: si quieres que el carrito gire a la derecha, giras las ruedas hacia la izquierda para «sacar» la base hacia el lado correcto. Entender y dominar conscientemente el contramanillar es lo que te permite realizar correcciones de trayectoria precisas y rápidas en mitad de una curva, como veremos más adelante.

Comprender este principio físico es la llave para el control. Es esencial asimilar qué es el contramanillar y por qué es la base de todo viraje.

Puntos de referencia: qué mirar en el asfalto para saber exactamente cuándo cortar gas

Una trazada segura no se improvisa, se planifica. La diferencia entre un motorista que fluye con la carretera y uno que lucha contra ella reside en la capacidad de leer el entorno y establecer puntos de referencia. Estos marcadores visuales son los que te indican cuándo empezar cada acción (frenar, inclinar, acelerar) de forma proactiva, en lugar de reaccionar tarde y con estrés. El vértice tardío no es un punto mágico que aparece solo; es el resultado de una secuencia que empieza mucho antes.

Tu primer punto de referencia es el punto de inicio de la frenada. En las carreteras españolas, las señales de «Curva Peligrosa» (P-13a o P-13b) son un excelente disparador. Al ver la señal, ya deberías estar preparando la maniobra. El siguiente punto clave es el punto de giro. Este es el momento en que dejas de frenar, te colocas en la parte exterior de tu carril y empiezas a inclinar. ¿Cómo saber dónde está? Un buen indicador visual es el punto donde la línea del arcén (la línea blanca continua del borde de la carretera) parece desaparecer de tu vista al entrar en la curva. Ese es tu momento para empezar a girar.

Además de la señalización, el propio asfalto te da pistas cruciales. Aprende a identificar las diferencias: un reasfaltado reciente, de color negro intenso, ofrecerá más agarre. Por el contrario, un asfalto pulido y brillante, especialmente en zonas de frenada habituales, indica una superficie resbaladiza. Las sombras de los árboles o las marcas viales también pueden servir como marcadores personales para iniciar una secuencia. El objetivo es convertir la carretera en un mapa de decisiones, donde cada elemento visual te da una instrucción clara y te permite ejecutar la trazada con la precisión de un geómetra.

Te has cerrado pronto en la curva: cómo levantar la moto y corregir sin salirte

Este es el error cardinal, la causa directa de esa sensación de «la curva me escupe». Al entrar demasiado pronto y apuntar al vértice geométrico, has comprometido tu trazada. Te quedas sin margen de maniobra en la salida, con la moto aún inclinada y dirigiéndose inexorablemente hacia el carril contrario. Los datos de la DGT son alarmantes y confirman la gravedad de este error: en 2024, 134 motoristas fallecieron en 131 accidentes por salida de vía. Corregir esta situación requiere calma y la aplicación precisa de la técnica del contramanillar.

Lo primero y más importante: no entres en pánico y no frenes. Frenar en plena inclinación es la forma más rápida de provocar una caída. Tu única herramienta eficaz es el manillar. La secuencia de corrección es lógica y se basa en la física:

  1. Mantén la calma y la mirada alta: Fija tu vista en el punto de escape, el final de la curva donde quieres estar. Nunca mires el obstáculo o el carril contrario.
  2. Aplica contramanillar para levantar: Empuja suave y progresivamente el puño interior del manillar (el del lado hacia el que estás inclinado). Si estás en una curva a derechas, empuja el puño derecho. Esto hará que la moto se levante, reduciendo su ángulo de inclinación.
  3. Crea un nuevo arco de seguridad: Al levantar la moto, tu radio de giro se abre, dándote más espacio. Usa todo el ancho de tu carril. Ahora tienes dos opciones: si la curva se abre y tienes espacio, puedes volver a inclinar (empujando el puño exterior) para cerrar un poco la trayectoria. Si no hay espacio, mantén la moto más vertical y usa todo tu carril para salir.

Esta maniobra de corrección es la prueba definitiva de que has entendido el contramanillar. No es una acción brusca, sino un ajuste fino que te devuelve el control. Practicarlo mentalmente te ayudará a reaccionar correctamente cuando ocurra en la realidad.

Puntos clave a recordar

  • El vértice tardío no es una técnica de velocidad, sino una herramienta de visión y seguridad que te da tiempo para reaccionar.
  • Una postura alineada con la moto (estilo «inglés») ofrece la máxima estabilidad y capacidad de reacción ante imprevistos en carretera.
  • La corrección de una trazada errónea no se hace con el freno, sino con un suave empuje al manillar (contramanillar) para ajustar la inclinación.

Cambios de dirección: cómo usar el cuerpo para levantar la moto rápido entre curva y curva

Dominar una única curva es solo la mitad de la batalla. La verdadera fluidez en carretera se demuestra en las curvas enlazadas, las famosas «eses», donde la agilidad para cambiar de una inclinación a otra es fundamental. Levantar la moto rápidamente no es una cuestión de fuerza bruta, sino de una coreografía precisa entre el manillar y tu cuerpo. Una vez más, el contramanillar es el actor principal, pero tu cuerpo es el director de orquesta que le da el ritmo adecuado.

Al salir de una curva (por ejemplo, a derechas), para iniciar el cambio de dirección hacia la siguiente (a izquierdas), debes aplicar contramanillar para levantar la moto (empujando el puño derecho). Simultáneamente, tu cuerpo debe acompañar y liderar el movimiento. El peso que tenías en el reposapiés interior derecho se traslada al exterior, y tus caderas inician un sutil movimiento hacia el nuevo lado de la curva. Es una presión coordinada con los pies y una insinuación con la cadera, no un bandazo violento del torso.

Técnica de cambio de dirección entre curvas enlazadas en puerto de montaña

En puertos de montaña españoles como Navacerrada o la Serra de Tramuntana, a menudo es necesario aplicar la técnica de «sacrificar una curva para preparar la siguiente», como enseñan en cursos de perfeccionamiento como los del Circuito del Jarama. Esto significa que en una secuencia de curvas, puede que no realices la trazada ideal en la primera para posicionarte perfectamente para la segunda, que quizás es más cerrada o ciega. Esta visión estratégica, combinada con un uso ágil del cuerpo y el contramanillar, es lo que diferencia a un conductor seguro y fluido.

Para llevar esta geometría a la práctica, el siguiente paso es identificar estos puntos de referencia en tu próxima ruta y aplicar conscientemente el vértice tardío. Empieza en curvas con buena visibilidad y a un ritmo tranquilo, concentrándote en la secuencia: frenar-posicionar-girar-acelerar. La confianza no se regala, se construye curva a curva.

Escrito por Carla Domínguez, Instructora de conducción deportiva y expiloto del Campeonato de España de Velocidad (CEV). Especialista en técnicas de pilotaje en circuito, telemetría y puesta a punto de suspensiones.